Por Florencia García Martelli
Martín Hallin se vino a vivir hace dos años a Buenos Aires para estar junto a su esposa, María, y así comenzar una nueva vida juntos. Una vez instalado, la pareja comenzó su propio proyecto: un restaurant de comida vegetariana ubicado en el barrio de Monserrat, en pleno corazón porteño. Una entrevista donde su particular historia de amor toma el protagonismo.
Martín Hallin se vino a vivir hace dos años a Buenos Aires para estar junto a su esposa, María, y así comenzar una nueva vida juntos. Una vez instalado, la pareja comenzó su propio proyecto: un restaurant de comida vegetariana ubicado en el barrio de Monserrat, en pleno corazón porteño. Una entrevista donde su particular historia de amor toma el protagonismo.
Pelo rubio, tez clara, mejillas coloradas y ojos celestes, casi tan transparentes como el mar. Al escucharlo hablar, su acento delata que proviene de otro continente, del europeo. Martín Hallin es un joven de 26 años que nació Suecia, país que dejo para comenzar una nueva vida en la Argentina. Pero, ¿cuál fue la razón para que él esté viviendo actualmente en el país? La respuesta es María, su actual esposa.
Todo comenzó en el 2006 cuando Martín y María se conocieron en Uruguay. Él estaba de vacaciones y ella había dejado Buenos Aires con la intención de pasar un lindo verano. Ambos staban alojados en el mismo hotel de Uruguay, por lo que compartieron varias excursiones. Luego de verse todos los días, junto a las demás personas que compartían esas travesías, comenzaron a hablar. Cuando las vacaciones finalizaron, dos meses después, cada uno volvió a su país. Pero Martín tenía muy en claro que María no era una chica más en su vida.
Un tiempo después, luego de una relación a la distancia, María viajó a Suecia y se instaló allá junto a él. En el 2008, mientras estaban en el continente europeo, Martín le propuso casamiento. "No lo teníamos tan planeado, pero ella había ido para Suecia, y fue como un impulso más que nada. Fue el mejor impulso que pude haber tenido" , cuenta el sueco.
Una vez instalado en Buenos Aires junto a su esposa, decidieron comenzar un nuevo proyecto: un restaurant vegetariano. "Ni bien llegué, empezamos a trabajar en el restaurant, ya hace casi dos años. Fue algo que se nos ocurrió en Suecia, y la verdad nunca pensé que iba a quedar tal como lo pensamos. Nos dedicamos solamente a comidas vegetarías , sin químicos ni nada parecido, bien natural", comenta Martín, mientras María trae a la mesa dos jugos orgánicos: uno de pomelo y otro de limón.
Sin embargo, a pesar de estar muy feliz en Argentina, el joven afirma que realmente anhela algo de Suecia: "Yo soy del norte de mi país, de la ciudad de Kiruna, y lo que más extrañó son los bosques y el paisaje".
Con tan sólo un año y diez meses viviendo en Capital Federal, maneja de forma excelente el castellano. María le enseñó todo lo posible sobre el idioma, al igual que sus amigos, con los que aprendió mucho hablando. "Nunca sufrí ningún tipo de discriminación, sólo se reían un poco cuando hablaba mal, porque es difícil. Todos me trataron muy bien a pesar de ser de otro país", comenta entre risas.
A la hora de encontrar algo en común entre Suecia y Argentina, Martín destaca la similitud entre las personas de ambos países: "Son buena gente, pero a la vez un poco encerradas en sí mismas y melancólicas".
Con una gran sonrisa, Martín asegura no estar arrepentido de haberse venido a vivir a la Argentina. "Tal vez tuve que dejar varias cosas en Suecia, como mis amigos, mi gente y el lugar en general sobre todo, pero María hace que todo eso valga la pena.", confiesa mientras le sonríe a su esposa. Por el momento, ambos tienen pensado seguir viviendo en el país, pero en cuanto a la hora de ser padre, Martín opina que le gustaría tener a sus hijos en una isla que esté ubicada en el Océano Atlántico: "En el medio de Suecia y de Argentina, si es posible, así tiene cosas de allá y de acá",
El joven Hallin se define como “un argentino más”, y según él lo que más le gusta de las tradiciones argentinas es la comida. "Me encanta que a todos les guste el asado, así yo tengo que convencerlos de empezar a comer más verduras ", cuenta mientras sonríe.
Contento y conforme con los rotundos cambios en su vida, Martín vive el presente y disfruta de su vida diaria porteña junto al amor de su vida.
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